Centro EULA abordó el impacto de la vigilancia ambiental de largo plazo en el Gran Concepción

29 de mayo de 2026

La gestión de la seguridad ecológica en territorios de alta complejidad técnica y social, como el Gran Concepción, no puede quedar sujeta a la improvisación de estudios aislados o reacciones de corto plazo. Requiere de un respaldo científico robusto que solo la persistencia en el tiempo puede otorgar. En este escenario, el Centro de Ciencias Ambientales EULA-Chile de la Universidad de Concepción realizó la jornada de difusión “Estudios técnicos sobre Vigilancia Ambiental de largo plazo en Sistemas Costeros del Gran Concepción” para dar a conocer los análisis que ha desarrollado durante más de treinta años para mejorar continuamente la vigilancia del medio ambiente costero del Biobío.

Con 36 años de trayectoria, el Centro EULA-Chile ha trascendido su rol académico para consolidarse como el garante de la trazabilidad ambiental de la región, demostrando que la coexistencia entre el desarrollo industrial y la salud ecosistémica es posible cuando existe una base de evidencia irrefutable.

El seminario desglosó el complejo andamiaje legal y técnico que sostiene esta vigilancia. Bajo el marco de las Resoluciones de Calificación Ambiental (RCA), el Centro opera como una Entidad Técnica de Fiscalización Ambiental (ETFA) autorizada por la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA).

El borde costero del Gran Concepción —que abarca la Bahía de Concepción, la Bahía de San Vicente y el Golfo de Arauco— soporta una de las mayores presiones industriales, portuarias y urbanas de Chile.

Los investigadores de la Facultad de Ciencias Ambientales y Centro EULA de la Universidad de Concepción, Dr. Ricardo Barra Ríos y Dr. Alberto Araneda Castillo presentaron evidencias que desafían el pesimismo ambiental.

El Dr. Ricardo Barra, tras analizar series de datos de descargas industriales desde 1999 hasta 2026, sostuvo que “el sistema está mejor que antes. De hecho, lo puedes ver en la práctica, las personas se volvieron a bañar en playa Lenga. Eso indica que las aguas de la Bahía de San Vicente están en una buena condición. Un factor determinante es la condición natural de la bahía, su dinámica circulación permite un tiempo de residencia de las aguas de apenas tres a cuatro días, lo que otorga una capacidad de autolimpieza fundamental para la recuperación del sistema”.

Por su parte, el Dr. Alberto Araneda analizó el caso del muelle Abastible en Lenga, observando que, tras la alteración inicial de metales pesados durante su construcción, el ecosistema demostró una notable resiliencia, retornando a sus niveles base en un periodo de tres a cuatro años. “Estos programas nos permiten construir modelos que anticipen el comportamiento del ecosistema frente a futuros proyectos, así como también documentar científicamente la capacidad de recuperación de los sistemas marinos tras impactos específicos”, expresó el investigador.

El registro histórico en el desarrollo y ejecución de programas de vigilancia ambiental realizados por el Centro EULA permiten identificar tendencias significativas, por ejemplo, diferenciar entre la variabilidad natural y el impacto antrópico real. Así como también evaluar si las medidas de mitigación logran estabilizar o reducir eventos críticos y concentraciones máximas de contaminantes.

Estos resultados no solo validan la ciencia aplicada, sino que fundamentan la gestión municipal y la confianza de las comunidades que habitan y consumen los recursos del mar. La transferencia de conocimiento desde la academia hacia los gobiernos locales es el puente necesario para transformar el dato técnico en bienestar social.

Carla Torres Valdebenito, responsable de la Unidad de Patrimonio Ambiental en la Municipalidad de Hualpén, enfatizó que esta base de datos actualizada es la brújula para los pronunciamientos ambientales del municipio y la habilitación de zonas turísticas como Playa Lenga y Ramuntcho.

“Generalmente no tenemos mucho acceso a la información, entonces el que se transparenten datos y todo lo que sea necesario en relación con ellos es súper relevante para nosotros. Por ejemplo, cuando nos toca apoyar o evaluar proyectos, nos ayuda bastante a tomar buenas decisiones. También es para el bienestar de la comunidad. Por ejemplo, nosotros habilitamos la playa Lenga y ahí igual nos ayuda a tomar buenas decisiones en la época estival. Y no solamente en la caleta Lenga, sino también en la playa Ramuntcho”, expresó Torres.

En el dinámico ecosistema costero regional, el sector privado ha comenzado a entender que el Plan de Vigilancia Ambiental (PVA) no es solo una carga burocrática impuesta por una RCA, sino un activo de transparencia corporativa que asegura la viabilidad de sus operaciones a largo plazo.

Desde el sector industrial, Néstor Cofré Saavedra, jefe de operaciones portuarias del Terminal Marítimo San Vicente Abastible, destacó los 20 años de monitoreo de su terminal como un sello de empresa limpia. “Estamos muy contentos de poder participar y sobre todo que nos tomen como un referente de la medición del PVA durante estos largos años. Somos uno de los terminales pioneros que hacen monitoreo y cumplimos con la normativa nacional e internacional. Esta jornada fue muy interesante porque conocimos las experiencias de otras empresas de la bahía de San Vicente, ver cómo van los planes y cuáles son los comportamientos que han tenido”.

Por otra parte, el coordinador de medio ambiente, seguridad y salud ocupacional en Asmar Talcahuano, Renzo Tapia Chandía, destacó que desde el 2005 realizan el programa de vigilancia ambiental.

“Estas instancias son súper positivas para saber cómo estamos como empresa y cómo estamos en términos de región. Es necesario tener una retroalimentación donde empresas como ENAP, Abastible, los Astilleros de ASMAR y otros unifiquen sus criterios y compartan datos. Así podríamos generar un mapa real y completo de la condición ambiental de toda la periferia oceánica regional”, expresó Tapia.

La vigilancia ambiental de largo plazo se ha consolidado como la columna vertebral para un desarrollo sostenible en el Gran Concepción. Frente a la incertidumbre de la variabilidad climática y la constante expansión industrial, contar con registros históricos consistentes permite a la región pasar de una gestión ambiental reactiva a una adaptativa y preventiva.

La trayectoria del Centro EULA demuestra que a través del conocimiento profundo de los ciclos de nuestras bahías y el compromiso de todos los actores —academia, industria y Estado— será posible asegurar que la región del Biobío siga siendo un territorio productivo, saludable y habitable para las próximas décadas.